Se trata de la primera obra del escultor Mateo Inurria Lainosa (1867-1924), cuando apenas contaba catorce años. Le fue encargada por el arquitecto Amadeo Rodríguez para la hornacina de fachada de la capilla del Cementerio de Montoro. Se trata de una figura exenta, de bulto redondo, elaborada sobre piedra caliza procedente de Estepa, aun cuando las alas se elaboraron en terracota. Recientemente ha sido objeto de un trabajo de limpieza que la ha despojado de la suciedad que se le adhirió durante el tiempo que estuvo expuesta en el Cementerio de Montoro.