Rodríguez Luna es una de las figuras claves en el proceso renovador, siendo uno de los pioneros del Surrealismo en España para posteriormente sufrir una de las más fructíferas evoluciones, primero hacia el realismo crítico cercano a su compromiso político, pues fue uno de los artistas participantes en la Exposición Internacional de París; luego en los años del exilio hacia la nueva figuración, evolucionando en sus últimos años hacia la abstracción.

De una manera muy somera Fernando Martín nos indica cual es la evolución del artista, pero creemos que es necesario añadir algunas cuestiones sobre estas etapas del artista montoreño.

Antes de 1934 su obra se decanta según algunos hacia la línea de la Escuela de Vallecas unido a cierto surrealismo que extraía sus raíces del paisaje castellano. Es la época que él había definido como de cercanía con la naturaleza y que otros la habían denominado de realismo mágico o de unión entre el surrealismo y el neocubismo. Son creaciones cercanas a la naturaleza, en donde el hombre forma parte de este universo.

La llegada del año 1934 fue revolucionaria en todos los sentidos. Marcó una época de España y también a sus creadores. Rodríguez Luna no fue una excepción.

La revolución asturiana de octubre de ese año convirtió a Luna en un artista interesado por la temática social, crítico con lo que estaba sucediendo en España en aquellos años. Su pintura de esta época compendia el sentimiento trágico español de la realidad. En ella aúna el expresionismo más atroz con un registro surreal, por su injustificable razonamiento social y político.

Entonces su obra migra desde el neocubismo hacia el expresionismo, pues descubre que el neocubismo no podía ofrecerle la vertiente social que le aportaba de hecho el expresionismo. Evolucionará hacia el realismo social y revolucionario. Este estilo es el que seguirá dominando durante el periodo de guerra, en el que fundamentalmente se convirtió en ilustrador de revistas e incluso realizó el álbum “Diez y seis dibujos de guerra”, que en plena guerra civil publicó una editorial valenciana.

Durante la posguerra no deja este estilo, mostrando la España del destierro: por ejemplo, entre 1945 y 1955 realizó la serie “Españoles derrotados”, en la que refleja el patético exilio del final de la guerra. Durante la década de los años 50 alternará este estilo con cierto intimismo mucho más lírico, como en la serie “Música en silencio” (1950).

Poco a poco va olvidando ese malestar social que mantuvo alerta durante los años 30 al 50, volviendo a unas raíces más líricas, más espirituales, comienza a volcarse en el estudio del individuo aislado de la miseria humana. Su obra sigue dentro del figurativismo, pero ahora las formas se geometrizan e incluso se enmascaran dentro de la propia geometría y en muchos casos revelan la soledad del individuo.

A partir del año 69 se le puede comenzar a llamar abstracto, pero no realizará una obra puramente abstracta, siempre tendrá algún elemento que nos acercará a la realidad palpable. Durante unos años el figurativismo geometrizante y la abstracción con puntuales referencias figurativas se van a ir alternando, siendo en los años setenta cuando su obra se transforma en abstracta, pero sin olvidar los elementos de la realidad, que van a continuar hasta el final de sus días.

Quizás otras palabras suyas nos darán la clave de este pensamiento: “La importancia de un cuadro radica en la intensidad de la emoción que expresa. Algunos pintores imitan la pintura de los museos y creen por ello hacer buena pintura, sin llegar a penetrar en el espíritu que el pintor llevó al cuadro”.

Como hemos dicho su obra a partir de los setenta se convertirá en una pintura de calidades, abstracta, pero con referencias a objetos cotidianos. Esa mezcla de abstracción y figuración le dará su marchamo específico. Es la época en que se aprecia la influencia de la abstracción americana, que había estudiado en la obra de Pollock, Rothko, etc. En sus creaciones hay cierta influencia de los campos de color de este último, pero con otra filosofía, otro estudio de la forma, el color y la composición. Esta es la obra que mostró en los años setenta en la Galería Juana Mordó de Madrid (1976), la primera vez después de la guerra que Luna mostraba su obra en España; y esta es la etapa de la que existe en su museo de Montoro.

Juan Rejano, poeta y amigo del pintor, comentó de su pintura: “Para Luna el arte es continuidad y no improvisación constante: un patrimonio común donde los hombres van dejando, con mayor o menor fuerza, algo de su espíritu”.

Tiene Antonio Rodríguez Luna una evolución muy rica, pero en la que hay una continuidad. En Luna esta continuidad va a estar situada en la importancia que le da a la forma y al color dentro de una composición equilibrada; sus obras no dejan de un lado estos aspectos y cuando no hay color, como en sus dibujos, la composición no deja de estar equilibrada y no pierde la fuerza característica; lo mismo ocurre cuando se hace abstracta: el color y la composición organizan las formas.

En palabras del propio pintor, no se empieza a pintar en serio hasta que se comienza a encontrar el estilo propio. El oficio de la pintura es bastante difícil de aprender y toma toda una larga vida. Sin él no se puede hacer nada, pero por sí solo, no basta para hacer buena pintura. Lo más importante es el espíritu que el pintor le dé al cuadro, y lo que diga su obra toda”.

foto pintor

Antonio Rodríguez Luna (derecha) junto a su amigo el poeta Juan Rejano (izquierda), en una exposición del pintor. Fotografía perteneciente a la familia de Juan Rejano.


Obra en el Museo Antonio Rodríguez Luna

En la sala Pintor Rodríguez Luna se encuentran obras realizadas entre 1973 y 1980. La donación se realizó en 1981 y el museo fue inaugurado en 1982, tras la intervención del arquitecto Daniel Rodríguez en la ermita para adecuarla a su nueva función.

En su mayoría están realizadas en óleo sobre lienzo y son de grandes proporciones. Algunas de estas obras fueron mostradas en la exposición de la Galería de Juana Mordó de Madrid: Paloma, Composición horizontal, Negro, blanco y amarillo o Naturaleza muerta, son algunos de ellos.